Queremos que las niñas sean fuertes, valientes capaces de enfrentarse al mundo y, sin embargo, en las casas son princesas delicadas…

Últimamente escucho hablar mucho sobre la importancia de la igualdad de género. Campañas que promueven los logros de las mujeres en distintos campos del país, la obligatoriedad del uso de un lenguaje incluyente con las mujeres y niñas.  Programas de “ni una más” que dan herramientas y fortaleza a las mujeres para que sean tratadas con igualdad y respeto.

Pienso en todo eso y en la fuerza social que están tomando todos esos movimientos. Sin embargo,  a mi mente llega la imagen de lo que sucede en muchas casas. Voy a tratar de describir esa fotografía: los cuartos de las niñas son totalmente rosados, llenos de muñecas y princesas, papá le dice constantemente a su hija que es la “princesita del hogar”.

Los juguetes y los libros en casa muestran esas hermosas escenas de cuentos y películas en las cuales un guerrero valiente es el que salva o rescata a una hermosa princesa encerrada en las redes de una bruja o malvada.

Queremos que las niñas y las mujeres sean fuertes, valientes, capaces de enfrentarse al mundo y, sin embargo, en las casas son princesas delicadas. Que oyen cuentos, ven películas y leen libros donde la mujer es una princesa hermosa, débil y frágil que se enfrenta contra brujas malas o madrastras pretenciosas, ¡vaya extremos!

Es completamente contradictorio que sus padres compran para ellas toda la parafernalia de mercadeo que rodea esas películas y libros. Apoyando el mundo comercial que favorece precisamente esa discriminación de género.

Decimos a las niñas que sean fuertes y valientes por fuera de la casa, pero dentro de ella son princesas y las “niñas de papá”

Decimos a las niñas que sean fuertes y valientes por fuera de la casa, pero dentro de ella son princesas y las “niñas de papá”. Usan el disfraz de princesa que pidieron para la celebración del Día de los Niños todos los días o siempre que les sea posible, porque les encanta verse llenas de arandelas. Su mundo es en tonos cálidos igualito al mundo de las princesas que ven en los medios; porque a ellas les gusta sentirse princesas.

Pocas niñas son guerreras, piratas o aventureras, además poco se consiguen esos disfraces; tampoco es que sean los más vendidos en las tiendas. El día de Halloween, con el disfraz de princesa, van de la mano de mamá a la peluquería para que les pongan cintas y moñas y se vean aún más preciosas.

Contamos a los niños cuentos en los cuales la figura de la mujer está en casa, con delantal blanco y siempre a cargo de los oficios del hogar.  Es el hombre el que sale a trabajar. Y esa mujer, que aparece así también en muchos libros de texto escolares, es frágil, delicada, llorona y sensible, ¡y esos son los cuentos que contamos en casa!

ninas ninos

Por eso mi invitación es a que busquen otro tipo de libros. No tengan miedo de descartar los libros que tienen en casa que muestran estereotipada a la mujer. Digan a las niñas que no necesitan ser llamadas princesas, no necesitan ese apodo; pueden llamarse por su nombre. Y su hermano tampoco necesita el apodo de valiente, macho o guerrero.

Muestren a los niños y niñas que no sucede nada si ellas se caen del columpio,  si se raspan al jugar con el balón, al resbalarse de la bicicleta; que sus costras y sangre son iguales a la de los niños amigos. Enseñen que no es el fin del mundo si el vestido se ensucia o si las manos están llenas de barro.

Si la sociedad quiere que las mujeres clamen por su respeto y dignidad en los ámbitos sociales y laborales de nuestro país, lo primero que tiene que suceder es un cambio en las casas donde las niñas reciban respeto y el reconocimiento de cada una de ellas. Como un ser humano capaz, valiente, digno, respetuoso y hasta guerrero.

¡Yo quisiera ver más Marianas Pajones que se caen de la bicicleta y se vuelven a levantar, luchando por sus sueños y guerreando por sus logros!

Algunos de los libros que recomiendo sobre el tema son:

1. La princesa vestida en una bolsa de papel de Robert Munsch

2. Arturo y Clementina de Adela Turin

3. La cenicienta rebelde de Ann Jungman

4. Oliver Button es una nena de Tomie de Paola

5. La princesa Isabella de Cornelia Funke

6. Las princesas también se tiran pedos de Ilan Brenman

7. Nunca beses a los sapos de Robert Leeson

 

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es Especialista en Literatura infantil y Juvenil. Ha trabajado en diferentes instituciones educativas apoyando a los niños en lectura y uso correcto de la información. Actualmente es la Directora de Creciendo Leyendo, una empresa que busca ayudar a fomentar la lectura en los jardines y familias, mediante talleres a profesores, padres y directamente con niños. En Mundo Máh quiere ayudarte a potenciar la lectura de tus hijos en casa como una herramienta para la comunicación y el vínculo emocional. www.creciendoleyendo.com