Es recurrente que los niños se despierten a mitad de la noche aterrorizados, por una pesadilla. ¿Qué hacer ante ellos y como evitar que afecten a su vida?

Los terrores nocturnos, las pesadillas y el sonambulismo forman parte de lo que los médicos llamamos “parasomnias” y se presentan en el desarrollo normal de los niños. Lo presentan el 17% de los niños y un 4% de los adultos. Por tanto, el primer mensaje para que estén tranquilos: La inmensa mayoría de las veces son normales y desaparecerán con el tiempo.

Aun así, cuando los episodios son muy llamativos o violentos siempre es conveniente consultar con el pediatra para descartar patología. En determinadas ocasiones habrá que derivarlo al especialista para realizar un estudio del sueño.

 

¿Qué son las pesadillas?

Son episodios desagradables y angustiosos que se producen durante el sueño REM. Se pueden presentar en cualquier momento de la noche aunque es más frecuente en el último tercio.

El niño se despertará asustado, sudoroso, taquicárdico y con ansiedad. ¿Quién no ha tenido pesadillas? ¿Verdad? Además recordará todo lo sucedido al detalle incluso creerá que ha ocurrido en la vida real.

Nos resultará fácil despertarlos, aunque lo complicado a veces es conseguir que se vuelvan a dormir por el miedo a que se vuelva a presentar.

 

¿Qué podemos hacer ante una pesadilla?

1. Acudir en su ayuda, por supuesto, e intentar despertarlo suavemente con palabras de cariño y caricias. El pico máximo de las pesadillas se produce entre los 4 y los 8 años, “la edad de los miedos”.

2. No le preguntes qué ha soñado, guarda tu curiosidad en el cajón, eso no le ayudará y reforzarás el miedo.

3. Si es él el que te da los detalles, yo utilizo un truco: Ridiculizar al causante de la pesadilla. Es decir, si ha soñado con un monstruo de tres cabezas que entraba por la ventana, le digo: ¡Mira, si está vestido de flamenco y está bailando increíble! –Y nos empezamos a reír las dos- y ahora seguro que bajará a la cocina y nos preparará el desayuno– y nos reímos todavía más.

 

¿Y los terrores nocturnos?

La prevalencia estimada es mucho menor que las pesadillas, de hecho solo se presenta en un 1-5% de niños en edad escolar. Es típico a los 3-4 años aunque a veces se reproducen a los 5-6 años o incluso más.

Los terrores nocturnos son episodios de terror, de auténtico pavor que se producen en fase No-REM del sueño, generalmente en el primer tercio de la noche en el que, de pronto, puedes oír a tu hijo gritar de forma súbita.

Probablemente son las parasomnias más angustiosas y “violentas” de todas. Cuando acudes a su habitación lo podrás ver con los ojos abiertos (aunque está profundamente dormido), gritando, incluso se mostrará agresivo. Las manifestaciones son mucho más llamativas que las de las pesadillas.

Si de verdad lo has vivido habrás podido comprobar que es como si el niño estuviera “poseído”. De hecho, al acercarte a él no es raro que te lleves un manotazo o una patada.

El niño, a diferencia de en las pesadillas, no recordará absolutamente nada de lo sucedido lo cual te parecerá imposible porque cuando haya acabado todo, tú estarás al borde del infarto y la que no pegarás ojo serás tú recordando a “la niña del exorcista”.

Los episodios son breves, no suelen durar más de 10 minutos, aunque a ti te parezca que ha sido media noche. Es muy difícil despertarlos, de hecho, está desaconsejado.

Hay más probabilidad de tenerlos en épocas de estrés, de malos hábitos de sueño, de enfermedad o junto con fiebre.

 

Entonces si mi hijo tiene terrores nocturnos ¿qué hago antes de que los vecinos llamen a la policía?

 1.  Acércate con suavidad, no intentes razonar con él, simplemente has de velar por su seguridady porque no se haga daño.

2. No lo despiertes, mantén la calma; ahora ya sabes lo que es.

3. En las guías recomiendan: no intervenir. No hacer nada. En ocasiones nuestra intervención puede empeorar las cosas.

4. Cuando haya terminado, acuéstalo nuevamente, dale un beso de buenas noches y a dormir.

5. Si se hacen muy largas en el tiempo o los episodios son muy violentos y llamativos, no dudes en comentarlo con el pediatra quien en casos puntuales quizá tenga que derivarlo o realizar un estudio del sueño para descartar fundamentalmente crisis epilépticas, aunque tranquilos, esto no es lo habitual ni mucho menos.

 ¿Puedo hacer algo para evitar que sucedan con tanta frecuencia?

1. Es muy importante mantener una adecuada rutina del sueño, acostarse temprano si al día siguiente hay que madrugar y explicarles a los niños cual es la hora de irse a la cama todos los días. La falta de sueño crónico es el mayor desencadenante de las parasomnias.

2. El consumo de grasas en la cena aumenta la probabilidad de parasominas No REM, es decir de episodios de sonmabulismo y terrores nocturnos en niños predispuestos,así que, a disminuir el aporte de grasas en la cena si queremos descansar tranquilos. Además, en el resto de la población, las cenas ricas en grasas saturadas agravan el insomnio.

3. ¿Y para dormir mejor?Nuestras madres tenían razón cuando nos decían aquello de “un vasito de leche y a la cama”. La leche es un liberador de triptófano (precursor de la melatonina) que ayuda a inducir el sueño. ¿Por qué crees que los bebés en cuanto amamantan, caen rendidos, exhaustos a veces? La lactancia materna además del gustito que les da posee altas concentraciones de triptófano sobre todo el calostro, que induce el sueño.

4. Evitar televisión, videojuegos y pantallas antes de dormir. La estimulación lumínica no solamente inhibe la producción de la melatonina (hormona del sueño) retrasando el sueño sino que esa sobrexcitación puede empeorar las parasomnias.

5. Intentemos acostarnos de una forma relajada y tranquila. Léele un cuento, cuéntale historias, ráscale la espalda, cántale una nana o hazle un masaje en los pies… ¿A quién no le gusta despedir el día así? Regálale ese momento que sin ninguna duda con pesadillas o sin ellas, recordará toda la vida.

 

*Artículo publicado originalmente en Lucía, mi pediatra.

 

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